¿Por qué no se cumplen los propósitos de año nuevo?

Es muy propio del ser humano en todas las culturas hacerse propósitos nuevos cada que estamos a punto de comenzar un año. Y es que al ser humano le encanta comenzar cada que tiene esa oportunidad. La sensación de comenzar cualquier cosa es muy atractiva, yo creo que esto se debe a que lo nuevo siempre guarda su encanto porque representa el descubrimiento de lo que no conocemos. En este caso concreto, dicha oportunidad se nos presenta cada treinta y uno de diciembre. De alguna manera, sucede lo mismo con cada nuevo día. Tal vez de forma inconsciente nos decimos muy temprano en la mañana, posiblemente antes de tomar el baño, “voy a aprovechar este día al máximo. Lamentablemente, a eso de las diez de la mañana, a medida que los afanes y los imprevistos nos atrapan, ese propósito noble que nos hicimos a primera hora empieza a esfumarse o ya se ha desvanecido completamente.

Cuando nos damos la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo de vida de cualquier tipo —relación de pareja, estudios, un trabajo nuevo — nos sucede exactamente lo mismo: la ilusión de cambiar, de hacer cosas nuevas, de dejar lo viejo de nosotros atrás, nos llena de entusiasmo, de energía, de ganas de renovarnos. Sin embargo, con el pasar de los días, y tal vez después de unos dos meses, estamos en las mismas condiciones de antes, muy poco, o casi nada ha cambiado.

El final de año de todos los años es quizás la época más prolífica en intenciones de convertirnos en un hombre o una mujer nueva para el año siguiente. De hecho hay una vieja canción que reza, “año nuevo vida nueva”. El treinta y uno de diciembre tiene un significado especial en este sentido. Ese día está lleno de agüeros que la gente asume entre la devoción, la diversión y el esoterismo. Algunos queman incienso; otros comen uvas; los de más allá se reparten monedas y hay quienes usan ropa interior amarilla. Para algunos es un simple juego, para otros la ceremonia es cosa seria a la que se le otorga un cierto sentido.

Sin embargo, las investigaciones mundiales que se han hecho sobre el fiel cumplimiento de los propósitos que la gente se hace al comienzo de año deja mucho que desear. ¡Atérrese! Menos del diez por ciento de los propósitos de año nuevo se cumplen al finalizar el año. El 25% no logran sus propósitos ni siquiera la primera semana de enero. El 77% renuncia después de la primera semana y el 40% renuncia después de seis meses. Se calcula que solo el 8% llega triunfante a fin de año con sus metas o propósitos.

Hablemos de porqué abandona la gente. Se cree que la razón fundamental es que nos trazamos metas muy grandes, pues como tenemos tanto entusiasmo y ganas de empezar una nueva vida, dicho entusiasmo nos traiciona formulando metas de alcance exagerado.

La segunda razón es que no construimos un sistema que nos respalde dichas metas. Es decir, ignoramos que una meta solo nos dice que hacer, pero no nos muestra un paso a paso para lograrlo cada día, esto hace que nos perdamos demasiado rápido, ya que no contamos con una guía detallada que nos vaya señalando el paso siguiente. Cuando uno se enfoca en lo que quiere lograr pero no en el proceso detalladamente delineado para cada día, resulta casi imposible llevarlo a feliz término.

Otro aspecto que nos lleva a las frustraciones de no lograr los propósitos de año nuevo es que nos proponemos muchos cambios, y como lo dije antes, aveces muy ambiciosos. Esto implica que tengamos que tomar muchas decisiones sobre muchas cosas que debemos cambiar, lo cual nos agota muy rápido y nos lleva a desistir muy temprano.

Pero tal vez el peor bloqueo que nos surge de forma natural para no cumplir nuestra metas o propósitos de año nuevo es que los formulamos de manera emocional, les ponemos mucho sentimiento y la emocionalidad siempre es una pésima compañera de la toma de decisiones. Es importante no confundir emociones con emocionalidad. La vida las mueven las emociones, pero la emocionalidad es la distorsión de las emociones. La emocionalidad tiene mucho de impulso y no de conciencia reflexiva. Las metas que se cumplen a lo largo del año tienen mucho de conciencia reflexiva.

Digamos que los propósitos de año nuevo son finalmente hábitos. Y los hábitos no son fáciles de cambiar, requieren de un proceso de conciencia bien meditado y estructurado para que sea sostenible en el tiempo.